Compañerísmo
En las carreteras de este mundo debe surgir espontáneamente la calidad y bondad interna que todos llevamos en nuestro interior, pero que muchas veces se ven atenuadas por algún que otro defectillo que también poseemos, como puede ser el egoísmo, la mala raza, o lo desgraciados o amargados que queramos ser.

Existe un compañerísmo a nivel laboral, en donde nuestras amistades son aquellos que nos caen bien y los demás es como si no existieran. En general una actitud semejante pareciera estar bien y más o menos así funcionan las cosas por todos lados. Sin embargo, a pesar de lo anterior, en muchas ocasiones debemos olvidarnos de aquellos que nos caen mal o que nos son indiferentes, para acudir en su ayuda cuando el conjunto lo requiere. Se corren listas voluntarias de ayuda, otras listas semi-oficiales procedentes de sindicatos, y en todas estas listas lo correcto es aportar, aunque el sujeto beneficiado sea el que más nos disgusta.

Existe una enorme cantidad de situaciones en las cuales podemos aportar nuestra ayuda de la mejor manera que podamos efectuarlo. Si una noche cualquiera encontramos a alguien tirado en la ruta con problemas eléctricos, pongámos tras él para protegerlo y le aportamos con todas nuestras luces, evitando con esto talvez un grave accidente. A veces falta un miserable perno, una simple herramienta, cualquier cosa. Entonces, lo menos que podemos hacer es detenernos y consultar de que manera podemos ayudar. Lo que menos importa en estos casos es precisamente la persona que está en dificultad, lo que importa es hacer el bien pero...sin mirar a quién. Y si no llevas contigo lo que falta, por último, según su ubicación, puedes desprenderte de tus cigarrillos, alguna fruta o bebida o alimento.

No cuesta nada proceder con compañerísmo en las carreteras: eran más de diez grados bajo cero una noche en que un bus repleto de pasajeros se quedó con su motor fundido y me tocó a mi pasar por ese lugar, lugar en el que para donde miraras lo más cercano estaba a más de 200 kms. En realidad no es mucho lo que uno puede ayudar en estos casos. Algún otro vehículo que pasó antes se encargaría de avisar del problema para que se generara el auxilio. Yo cargaba madera en esa ocasión y lo mejor que se me ocurrió fue descargar una corrida de tablas para que se calentaran alrededor de una buena fogata. Cambiaron de propietario mis cigarrillos y bebidas. Al cabo de un tiempo, todos los conductores de autobuses de esa empresa me saludaban con gran alegría en donde me vieran. Gentes que ni me conocían, que no me conocerían talvez nunca, en forma automática se habían convertido en mis eternos compañeros y si algún día me quedaba tirado por ahí (cosa que nunca pasó), estoy seguro que habría recuperado mis tablas, cigarrillos y otros con creces.

¿Alguien vio la antigua pelicula..."Si todos los hombres del mundo"...?